Gran Meliá Colón – Sevilla

Por fin podíamos disfrutar de un fin de semana más largo de lo habitual, cuatro días por delante para conocer alguna de las ciudades que teníamos pendiente, así que nos pusimos rumbo a Sevilla.

La elección del hotel fue toda una hazaña. Buscábamos algo céntrico para poder desplazarnos a pie por la ciudad y que, además, no sobrepasara nuestro presupuesto. Desde el primer momento sabíamos que el Gran Meliá Colón era una estupenda elección, tanto por su situación como por la calidad que ofrece la cadena en sus hoteles de cinco estrellas y que en ocasiones anteriores ya habíamos podido comprobar. El problema era el precio, y eso que habíamos intentado hacer la reserva a través del programa de puntos de la cadena (Meliá Rewards) y de las ofertas especiales que éste ofrece, por eso fue una sorpresa cuando desde la agencia de viajes surgió una súper oferta que no podíamos rechazar, especialmente porque en esos días era el Puente de los Santos y estaba todo por las nubes.

Mucho habíamos leído sobre el hotel y los servicios que éste ofrecía pero, aún así, todo se quedó corto cuando llegamos y pudimos disfrutar del él. Tenemos que advertir que el tema del aparcamiento es algo complicado en la zona, ya que son callecitas estrechas o peatonales del centro de Sevilla. Las opciones son dejarlo en el parking del hotel (36€/día) o en el parking de la Plaza de Armas, que está a unos 5 minutos andando (22€/día). Si os decidís por la primera opción, sólo tenéis que dejar el coche en la puerta y el servicio de aparcacoches del hotel se encarga de todo.

HabitaciónAunque llegamos al hotel muy muy tarde, nada más entrar pudimos disfrutar de uno de los pequeños detalles que a nosotras nos encantan, aunque en este caso casi llegó a abrumarnos. El check-in se hace de forma individualizada, sentadas cómodamente en sofás y con una copita de cava para amenizar la espera. De las maletas tampoco hay que preocuparse, ya que el servicio de botones te las recoge nada más entrar y así no tienes que preocuparte ni de subirlas por las pocas escaleras que separan la entrada del hall, además te las suben a la habitación durante el check-in.

Nosotras habíamos hecho una reserva para una habitación deluxe, pero al llegar nos sorprendieron con un upgrade y nos ofrecieron disfrutar de la habitación supreme panoramic, que evidentemente aceptamos. Estas habitaciones se encuentran en la sexta planta del hotel y son las únicas con terraza, pero con el inconveniente de que las camas son de tamaño queen size.

BañoEn la habitación no falta ningún detalle, aunque el sistema de luces y ambientes es tan complejo que después de tres noches allí no hubo manera de terminar de comprenderlo. Cafetera, surtido de tés y cafés, minibar (de pago), carta de almohadas, albornoz y zapatillas, cargador de smartphones, Wi-Fi, amenities de Clarins, una plancha con su correspondiente tabla, paraguas… pero, lo mejor, la bañera. Separada por un cristal de la zona donde se encuentra la cama, desde la bañera se puede disfrutar de un relajante baño mientras ves la televisión, ya que hay un sistema de audio dentro del cuarto de baño.

Puerta habitación

¿Qué decir de la decoración del hotel? Es precioso. Con todos los detalles muy cuidados y de decoración vintage, sólo podemos tener buenas palabras en este aspecto. En el hotel existen dos líneas temáticas, por un lado la tradición taurina y por el otro la pintura española, que conviven a la perfección en los diferentes espacios. Este hotel es conocido por ser uno de los preferidos de las figuras del toreo que visitan la ciudad, y como muestra de ello encontramos el restaurante de tapas El Burladero o el bar El Tendido. Como decíamos antes, la pintura española también está muy presente en el hotel. Sus pasillos son verdaderos museos, con plantas dedicada a los pintores españoles (Zurbarán, Murillo, Velázquez, El Greco, Goya…), a nosotras nos tocó El Greco. Sorprendente es ver cómo las puertas de las habitaciones son cuadros del pintor de cada planta, con una breve descripción de la obra e incluso una lamparita sobre ella al más puro estilo museo; muy muy original, sin duda.

Jacuzzi panoramico

 
Como destacábamos al principio, desde el hotel se puede ir a pie absolutamente a todos los sitios de interés turístico de la ciudad. Al menos así lo hicimos nosotras y tenemos que decir que íbamos equipadas con unos buenos tacones y que pasear no está entre nuestros hobbies. Eso sí, al llegar al hotel por la noche estábamos tan cansadas que el jacuzzi panorámico al aire libre de la planta superior (gratuito) nos hizo muy felices. Es una gozada disfrutar del agua calentita, burbujitas, cromoterapia y música chill out con la catedral de fondo y la ciudad iluminada, y más si en pleno noviembre hace 30º en Sevilla.

Plato restaurante

Quizás el precio del desayuno (27 €/persona) parezca un pelín caro, especialmente cuando en cualquier bar de los alrededores puedes tomar un desayuno completo (zumo de naranja natural, café y tostada de jamón) por unos 3 euros, pero realmente merece la pena probarlo, al menos un día. Es chiquitito, pero muy completo para ser un hotel urbano, y todo lo que tiene está delicioso. Además, todo el personal resultó encantador, el maître de nuestra sala nos hizo un pequeño tour explicativo de la zona buffet y en cuanto veía que nos quedaba poco zumo o que nos faltaba algo, ahí estaba él ofreciéndose a ir por más. También es muy recomendable probar el restaurante de tapas El Burladero, ideal para disfrutar de un buen vino y de especialidades gastronómicas sevillanas.

Por último destacar el trato de todo el personal del hotel, excelente e incluso abrumador si no estás acostumbrado a que estén tan pendiente de ti en cada momento, pero es un aspecto que valoramos mucho de la cadena Meliá. Y de Sevilla, únicamente podemos decir que merece la pena visitarla y disfrutar de los encantos de la ciudad, no sólo de la Giralda, la Torre del Oro, la Plaza España… sino de sus calles y de sus gentes y, por supuesto, de ¡tapear por Triana!

31 octubre – 3 noviembre 2013

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